Académicos USM lideran plan de mejoramiento del funicular del San Cristóbal

16 · Enero · 2014

Equipo encabezado por Humberto Miranda, del Departamento de Ingeniería Mecánica, realizó exhaustivo diagnóstico multidisciplinario a la maquinaria, sentando las bases técnicas para que se liciten los trabajos de normalización que permitirán que la vida útil del transporte se prolongue por al menos 20 años más.


Tiene 87 años de existencia, pero el funicular del cerro San Cristóbal nunca ha perdido vigencia; turistas y habitantes del Gran Santiago lo visualizan como medio de transporte obligado para llegar hasta la cumbre o recorrer el Parque Metropolitano. Es por eso que su mantención se hace siempre tan necesaria, más aun teniendo en cuenta el paso del tiempo y que hace 12 años fue declarado Monumento Histórico Nacional.

En este contexto, un equipo de académicos de la Universidad Santa María está a cargo del proceso de normalización más completo al que haya sido sometida esta maquinaria. El staff trabaja en el diagnóstico y especificaciones técnicas para realizar los trabajos correspondientes que permitan el mejoramiento de sus funciones.

Humberto Miranda, profesor del Departamento de Ingeniería Mecánica del Plantel, es el jefe del proyecto, que contempla también la participación de Sergio Carmona y Gilberto Leiva (Obras Civiles), Mario Toledo (Ingeniería Mecánica) y tuvo a la académica Marcela Hurtado (Arquitectura) en sus filas hasta el anteproyecto. Estas áreas, junto a Ingeniería Eléctrica, componen la gran base multidisciplinaria con que se ha abordado la iniciativa.

“Participamos en una licitación y a partir del mes de octubre empezamos a trabajar en el proyecto, un estudio de conservación y mejoramiento del sistema funicular, que busca prolongar la vida útil del equipo, asegurando por lo menos 20 años más a partir de los trabajos que se van a ejecutar de acuerdo a lo que definamos”, explica Humberto Miranda.

Gran estado de conservación

Como no existía mucha información técnica sobre el funicular, el grupo debió hacer un levantamiento de sistemas, para descubrir cómo funciona y elaborar los planos respectivos, tanto en la parte mecánica como eléctrica y obras civiles.

“En términos generales, el equipo está muy bien conservado, por lo que más que un proyecto de restauración, es de normalización y actualización”, aclara el académico. “Haciendo un paralelo con lo que nos ha tocado ver en los ascensores patrimoniales de Valparaíso, hablamos de un funicular que está en muy buenas condiciones especialmente en la parte electromecánica, algo que nos ha sorprendido, pese a que de todas formas tiene algunos desajustes y deficiencias, que son menores teniendo en cuenta sus casi 90 años de antigüedad. El punto clave es que la técnica ha avanzado mucho en todos estos años, sobre todo en temas normativos, y ante eso el equipo requiere adecuaciones”.

La máquina conserva prácticamente toda su estructura original, exceptuando los carros, que fueron reemplazados a mediados de los años 70. “En la parte mecánica se requiere reemplazar elementos menores desgastados o dañados, la parte eléctrica necesita principalmente de adecuaciones normativas, aunque el sistema original opera de buena forma”, detalla. “En cuanto a arquitectura, referente a las estaciones superior e inferior, también se requieren algunos trabajos, pero tampoco son de gran envergadura. Hay que considerar los terremotos que han ido afectando las edificaciones; está el tema de la lluvia y la humedad por otro lado. Vemos que la mayor inversión en trabajos de recuperación estará en el plano de rodadura, que es la obra civil que soporta todos los rieles y durmientes, por donde corren los carros; son 500 metros de recorrido que necesitan rehacerse en algunos tramos o reforzarse en otros, aunque en general todavía ofrece un buen estándar de seguridad a pesar del paso del tiempo”.

Una mirada integral

“Este es el proyecto que corona varios años de investigación en torno a los ascensores funiculares en Valparaíso, principalmente. Es un equipo que viene trabajando hace alrededor de cinco años, tiempo en el cual hemos evaluado todos los ascensores porteños, hemos hecho bases técnicas de licitaciones, inspección técnica de obras, es decir, hemos estado muy inmersos en el tema. Además, toda esa experiencia enriquece el trabajo en áreas similares, como el peritaje de accidentes en ascensores convencionales que nos ha tocado realizar”, cuenta el experto, agregando que, pese a eso, “no habíamos tenido la oportunidad de llevar a cabo un proyecto de ingeniería para la recuperación de un equipo con características de patrimonio industrial vivo”.

“Esperamos poder seguir participando en este tipo de iniciativas, como por ejemplo en la recuperación de los ascensores patrimoniales de Valparaíso que compró el Estado hace unos meses, donde habrá un gran trabajo que hacer”, enfatiza. “La idea es que más que ser un punto culminante de nuestra labor, este proyecto nos abra otras puertas”.

Asimismo, ya tienen bastante claras las lecciones obtenidas en este proceso, que culmina en marzo, cuando entreguen sus conclusiones y puedan licitarse las obras de normalización, que se extenderán por un lapso de un año aproximadamente. “Yo diría que lo importante de este proyecto, lo diferenciador, es que por fin pudimos participar de una iniciativa realmente multidisciplinaria, que ve el sistema funicular como un todo. Por ejemplo, en nuestra experiencia con los ascensores patrimoniales de Valparaíso siempre nos tocaba que alguna de las áreas quedaba fuera y eso históricamente ha dificultado el trabajo”, reflexiona. “Estos ascensores pueden recuperarse y quedar funcionando en su parte electromecánica, pero si no se trata la arquitectura y la obra civil en paralelo, surgen los imprevistos y pasa que se atrasa y dilata todo el proceso. Estos proyectos hay que abarcarlos de forma integral, es la gran lección”.

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